¿Es de aquí, o de dónde nos visita? fue lo primero que me preguntó en cuanto me subí al taxi. Le contesté de buenas, aunque la verdad no suelo platicar mucho cuando estoy desmañanada. Me había levantado a las 4am para llegar a tiempo al aeropuerto y este taxi fue al que me subí apenas saliendo de la terminal.
Iba con el corazón contento de estar en mis tierras al menos unas horas, y aún que había mucho tráfico sabía que me esperaba el desayuno hecho por mi mamá así que pues, iba de buenas. En estas condiciones, nos conocimos.
Él claramente traía ganas de platicar, comenzó hablando del gobierno y su profundo descontento con algunas notas denigrantes hacia las mujeres en el poder. De entrada ahí ya pensábamos diferente pero como ya dije, yo iba con medio cerebro dormido así que yo no iba a educar a nadie, solo puse mi mejor cara y cambié de tema.
¿Tiene hijos? me preguntó. En cuánto le dije que no respiró profundo, me dijo: -haces bien. Yo acabo de perder una hija, una bebé de 10 meses- pausa
-Oye, lamento mucho escuchar eso, ¿De qué murió?- pregunté casi instintivamente, ni pude detenerme a pensar.
-No le hallaron, la leche no le caía, le salía mucho vómito, tos con flema, la llevamos al seguro pero no le hallaron y se nos acaba de morir- me respondió tranquilo pero con esa voz de trauma que todos hacemos cuando hablamos de lo que nos duele.
-¿Cómo crees? lo siento mucho de verdad- me interrumpió antes de que pudiera terminar de darle el pésame.
-Sí, nombre la verdad ya ni sé, mi esposa ahora anda que ya no se quiere parar en el seguro. Se nos enfermó mi otro hijo, el más grande, y ahí me trae a llevarlo con el médico privado, 3000 pesos se me fueron entre consulta y medicamentos señorita. Y de buenas con lo de mi hija que encontré este trabajo, antes estaba yo desocupado ¡imagínese! Le digo ¡con que ojos! Ahora, si se pone más grave el niño, ni modo, llévalo al seguro y que lo atiendan- sonaba frustrado
-Ya está todo bien caro. Y por allá por dónde tiene usted su humilde casa ya hasta para salir en camión está a 17 el pasaje, imagínese. ¿Cómo saca uno a la familia? ¿Con qué dinero?-
Yo no podía procesar que el pasaje de un camión urbano cueste 17 pesos, cuando lo utilizaba como transporte diario me tocó a 10, luego aumentó a 12. La tortilla a 33 el kilo, la conversación me cimbró en este planeta y en que todo verdaderamente ya está bien caro.
-Si, está difícil-le dije. Sin saber muy bien cómo reaccionar, ciertamente su discurso me estaba volando la cabeza.
-El otro día vino mi suegra. Ya le andaba metiendo cizaña en la cabeza a mi esposa, le dijo «nombre es que batallan porque quieren hija, ahorita no está la cosa como para que nomas’ uno de ustedes trabaje, tienen que meterse a trabajar los dos»- suspiró -Si supiera usted señorita… de cómo está la cosa allá en Zuazua. Salimos en las noticias a cada rato- continuó.
-Mi vecino mató a golpes, a su hija de 4 años. Acaba de pasar, salió en las noticias. No sé si conozca pero allá está la cosa muy grave, nos pasan muchas cosas. No podemos dejar a los niños solos toda la tarde para que mi esposa se vaya a trabajar. Mucho riesgo- dijo.
-Pues si, me imagino, ¿y no viven cerca de ningún familiar?- pregunté solo por seguir la conversación
-Señorita, si me encontrara yo un perro en la calle, a ninguno de mi colonia, a ningún conocido le dejaba yo a cuidar a ese perro, cree usted que voy a andar dejando a mis hijos…- se le iba la voz en la ironía del comentario.
Entonces pensé, qué cabrón tener que decidir entre vivir con un sueldo y pasar hambres o ponerse a trabajar los dos y arriesgar los hijos.
Él me siguió contando -Le digo, yo a mijo. Me pide a veces dinero, para salir, para la escuela y pos’ no siempre tengo- se ríe- le digo, hijo ¿tú que crees, que tu papá es ingeniero?¿licenciado? No hijo, te tocó un papá tonto. Pero que te ama, ¡eso sí!- terminó ese argumento hablando algunas cosas sobre cómo había conseguido este trabajo como chófer de taxi.
Me quedé pensando disociada unos segundos. «Un papá tonto» que duro. Más duro saber que esas palabras no se las ha puesto el solo. ¿Cuántas veces no las ha implicado el Salinas Pliego en sus discursos? ¿Cuántos «coaches de vida» no se valen de hacer sentir tontos a quienes acuden por un consejo para que sigan buscándolos? ¿Cuántas veces no habrá escuchado comentarios en las redes o en la tele en los que llamaran tontos a quienes viven en situaciones que a él le resultaran familiares?
Pensé, no, él no es tonto pero seguro la vida le ha repetido esto tantas veces que ya se lo creyó. Le respondí diciéndole obviamente que no me parecía tonto y que me daba gusto que amara a su hijo de esa forma, que yo creía que eso era más importante.
No quise ahondar en su dolor ni en la palabra que usó para consigo mismo. Pero sentí vergüenza, en qué momento permitimos que la gente se auto-perciba de esta forma, ¿por no tener 3 depas y poner 2 en renta? Le fallamos todos a esta familia.
Le fallamos desde el momento en el que tienen que elegir entre seguir en la escasez de recursos o des-proteger a sus hijos. Una rabia me dio, pensé, este hombre no es tonto… Hay gente que con muchos más recursos no encuentran un «te amo» para sus hijos.
Quizá mirar todas estas realidades duele, me dolió escuchar que este hombre viva acostumbrado a tener el agua hasta el cuello. Me dolió saber que no tuvo una mejor opción para buscar la salud de su hija, y que ahora tiembla de miedo cuando cualquier otro miembro de la familia se enferma.
Me dolió mucho, y por eso lo comparto. Pero sentí antes de bajar del coche que llegué a conectar con el señor de una manera real. Sentí que acompañarlo en ese pedazo de su día de trabajo había sido algo bueno, para ambos. Y aunque sentí su pena, también sentí una profunda admiración.
Me admiró otras partes de la conversación, el trayecto gracias al tráfico fueron casi 2 horas. Me contó de sus perritos, hasta me enseñó foto de ellos usando camisetas de los Tigres. Me contó que una vez al mes trata de comprar un pollo para consentir a la familia, ahora que ya tiene trabajo.
Me contó muchas cosas que sin darse él cuenta, son lugares en dónde él y su familia resisten esa realidad mayormente dura a la que toca darle cara. Y eso sinceramente me parece admirable.
Si nos vamos a la definición whitexican del «hombre de bien» creo que mi amigo taxista sencillamente no encaja, tiene una clara tendencia machista, constantemente hace corajes y los hace evidentes a su entorno, tiene seguramente preferencia por no convivir con sus vecinos ni con el entorno inmediato. Quizás si vamos a ofrecerle meditación o clases de yoga, sea el tipo de hombre que te diga que eso son mamadas.
Pero saben algo, después de casi 2 horas de escucharlo me parece que mi amigo, con todo eso, es un hombre de bien. Es una persona que ha sabido encontrar el amor fuera de las definiciones socialmente aceptadas de la vida de las personas «bien», allá afuera en el caos, dónde constantemente nos repiten que no había nada, él milagrosamente encuentra el amor por su esposa, por sus hijos, por sus mascotas. El encuentra ganas de ponerle playera a sus perritos y tomarles una foto, encuentra ganas de pararse a comprar pollo nada más para ver a sus hijos contentos y hasta los lleva al parque.
Sin conocerlo, quizás también sea alguien que tira hate en las redes, quizás cierra a otros carros cuando va manejando o es descortés en la fila del súper. Aún con todo eso, me quedo mil veces más platicando con él otras 2 horas, que con cualquier gurú de cuarta que me quiera vender yoga como un solución espiritual que nos lleva a un «bien mayor».
Lo que digo es que, puede que cuando alguien nos abre sus dolores, pues naturalmente también nos duela. Pero esa conexión humana es real, si nos quedamos apreciando auras, energías o reservando nuestra mente solo para «lo que nos da paz» nos estamos impidiendo a nosotros mismos tener conexiones honestas que muchas veces están lejos de la faramalla del ‘wellness’, y que están mucho más frecuentemente en la humildad de entender que todos somos humanos.
Así, entendiendo que no estamos solos en este mundo y que aunque no siempre se puede ayudar ni nos toca resolverle todo al otro, sí podemos optar por ser buena compañía. Como en algún momento necesitaremos que otro nos acompañe también.
Nota al pie: no tengo nada contra la práctica del yoga jaja, es solo un ejemplo que utilizo para explicar que la espiritualidad sin consciencia de clase es una inútil aberración del ego.
Si llegaste hasta acá,
¡Gracias!
Luego les cuento la otra que fue mi ride al aeropuerto en mi vuelo de regreso jajaja (joya)
Jess.
