Cuesta mucho ser bonito por dentro

Me encontré con una persona en la calle, yo iba manejando y en un semáforo que cambió a rojo lo vi. Era un hombre vestido con un elegante traje negro, con camisa negra y corbata. Tenía en su mano dos trapos de limpieza, pensé que extraño verlo tan arreglado limpiando parabrisas en un crucero.

Se acercó a mi carro y por mera costumbre le dije que no, me da mucha ansiedad abrir la ventana para dar dinero a extraños, un par de veces tuve malas experiencias. Nunca voy con los vidrios abajo.

Después de que el hombre se alejó de mi coche vi como un Mercedes Benz negro que iba en el carril a mi izquierda intentó acelerar (ya con el semáforo en rojo) para cruzar indebidamente, pero al ver que no alcanzaría a pasar sin causar un accidente se frenó repentinamente obstruyendo el paso peatonal y asustando a las personas que ya estaban por cruzar antes de su arrojo. Al ver esto, aquel hombre de traje negro, de una manera pacífica y educada, se acercó a la ventana de aquel coche y de manera gentil le hizo un gesto para decirle que había espacio suficiente para que se hiciera atrás, y dejara pasar a la gente. Con el carro en medio las personas tenían que caminar por un carril de la avenida para cruzar.

La persona no movió su coche, subió el volumen de la música que llevaba en su auto e ignoró al extraño. Después de ver todo esto, crucé mirada con aquel hombre de traje negro y él comenzó a recoger algunas hojas que llevaban semanas en la orilla de mi parabrisas. Me sonrió y yo sentí confianza de bajar la ventana le dije, «mira me encontré una moneda que es tuya» le regresé la sonrisa.

Bajé un poco más la ventana para poder alcanzarle la mano. Me dijo, «gracias por sonreír, llevas tu corazón contento eso es lo que somos como personas, lo que llevamos dentro» yo quedé helada, ¡qué palabras tan sabias tenía esta persona! Siguió diciéndome: «La calidad de vida que tienes es muy bella, te permite dar amor». Ante tal piropo no tuve palabras, quedé desarmada… no pude mas que agradecerle su labor de hacer por el bien del caos vial y ayudar a la gente, le deseé un buen día.

Es quizá el piropo más lindo que me han dicho en mi vida y ese hombre (a menos de que lo vuelva a ver) nunca sabrá que me dejó pensando en sus palabras el día entero. Y es que, ¡Qué caro es ser bonito por dentro! Como todos, obviamente no soy solo cosas bonitas eso se los aseguro, sin embargo tomo la mirada que me dió el señor con ese comentario y la recibo en mi corazón, llevo ya un tiempo trabajando en mí y bueno… algunas cosas lindas que he podido cosechar al menos ya están floreciendo.

Sin embargo, me llevó a pensar en lo muy costoso que es (y doloroso) el mirarse uno mismo ¿Qué llevamos dentro? si mal no recuerdo de cuándo inicié este viaje de poner en orden mi vida llevaba adentro cosas horrendas: coraje, injusticias, abusos, frustración, desesperanza. Vivir en un sistema que nos oprime constantemente puede hacer también que todas estas cosas se acumulen y ¡Qué difícil voltear a ver! cuando menos nos damos cuenta llevamos años con sentimientos que no encuentran lugar.

Pues amigos, poner orden lo que llevamos dentro no solo es este golpe de entrada al mirar lo que nos atormenta. Ordenarse uno mismo requiere también ponerse manos a la obra al respecto, hablar, vulnerarse, admitirse herido, aceptar que hay cosas que duelen. En un mundo que nos escupe en la cara una y otra vez que somos capital humano desechable y que nada importa. Nos inyectaron en la médula la creencia de que nuestro valor es lo que producimos y de posdata subliminal: es una competencia, como si unos pudieran ser mejor que otros.

Sí, enfrentarse a todo esto es un precio altísimo. Ni el hombre más rico, ni el más sabio, ni el más poderoso se libra de sus propios demonios sin hacerse primero cargo de sí mismo y «lo que lleva dentro». Spoiler alert: lo que llevamos dentro siempre sale a la luz consciente o inconscientemente, tarde o temprano todos lo vemos, no podemos esconderlo. En todos hay luz y oscuridad, pero la verdad es que en la vida es bien fácil olvidarse de esto y perder el balance.

Por eso no juzgo a quien decide no ponerse a esta tarea, hay cargas que son simplemente demasiado y el amor hoy parece estar más escaso que nunca. Sin embargo existe y mientras haya amor, puedes tener esperanza. Éste viaje también trae sus recompensas.

Permitir cuidarnos es también cuidar lo que le damos al otro, la presencia que compartimos con nuestros seres amados. A veces pienso en mis papás, mis hermanos, mi hermana querida, mis sobrinos y digo, si ellos algún día necesitaran algo, ¿con qué me gustaría se encontrasen? hoy sé que la respuesta es: quizás con la versión que reconoció en mí el extraño de traje negro, me encantaría que encontraran algo lindo que yo llevaba dentro.

Ser la hermana que puede estar para acompañar el llanto de mi hermano mayor, aquella a la que pueden mandar un mensaje a media noche cuando se sienten tristes, aquella persona a la que puedes llamar solo para reír como locas un rato. Ser la amiga que puede acompañar algún enfermo y contagiarle ánimo. Ser la persona que se permite amar.