La re-difícil hazaña de estar presentes

He pasado las últimas semanas con la cabeza hecha un nudo. No, no nací en cuna de oro y me toca trabajar para ‘sobrevivir’ y quiero decir que hoy me di cuenta lo difícil que es equilibrar la vida para poner voluntad en las cosas que hacemos.

Me refiero a apagar el piloto automático por un momento, salir a respirar 5 minutos del trabajo y hacerse presente en la realidad que estamos viviendo. Muchos vamos a decir que es preferible no hacer esta pausa y evitar tomar consciencia de lo que nos rodea (porque a veces es difícil o triste) y pues, también es válido. En mi caso vengo de ahí, llevo ya bastante tiempo en este espíritu soñador y evitativo que me ha librado muchas veces de realidades de las que no soy fan.

Me di cuenta que vivir en este estado de romantizar la felicidad, las ‘metas en la vida’ y demás conceptos pop ya no me era suficiente. Comencé a hacer consciencia de que me había vuelto esclava de compartir estos momentos romantizados en redes, me di cuenta que me falla más la memoria y que me cuesta cada vez más el decidirme a sentarme y leer un libro. Me di cuenta en cosas tan sencillas como manejar un auto, si uno va muy metido en su cabeza, se vuelve en un conductor descortés, ¿podría estar lloviendo y negarle el paso a una persona que va caminando si realmente estuviera conduciendo con la mente en el ahora?

Realmente me puse a pensar en todas esas cosas que contesto en el trabajo con el piloto automático encendido, y es que el piloto automático no tiene empatía, no tiene interés, vaya ni siquiera sé si cuenta como estar vivo.

Entonces decidí ponerme a intentar salir de estas. Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Europa con mi novio y mi familia, y vaya regalo que ha sido estar en Florencia, me costó un mundo entender que vida se vive en aquel lado del mundo dónde los paisajes hermosos, la buena comida y la buena música están a la vuelta de tu casa. Me esmeré en vivir la ciudad, me volví niña nuevamente escuchando las historias de mi papá sobre Galileo Galilei. Me quedé viendo cómo venden arte en las calles como si fueran esquites. Me fue muy fácil vivir.

Pero por supuesto uno vuelve a la realidad, y ese ‘vivir’ cuesta más trabajo. Sin embargo, no necesariamente vale menos la pena. Hablo de lo difícil que es equilibrarse para poner voluntad en las cosas que hacemos, voluntad en ‘vivir’. Y es que en esta época la balanza se nos va para los dos lados, de extremo a extremo olvidando que la vida basta con vivirla. Estar rodeados de realidades difíciles nos enciende el piloto automático sin duda, pero también llenarse la cabeza del país de las maravillas nos desconecta cañón.

Neta que frase más trillada pero pues, la vida no tiene un manual de instrucciones, y por mucho que a veces nos cueste hay cosas que siempre van a salir mal, hay personas que lamentablemente van a tener que pasarla mal. Pero siempre en todo momento, la vida y el mundo van a ser mucho más que eso. La vida nos tiene que bastar con vivirla, así como juramos en el matrimonio, en las buenas y en las malas, presentes. Al estar aquí ya estamos dejando nuestra historia, con testigos o sin testigos estamos pasando todos por el mismo momento y pues, lo bailado ¿quién te lo quita?

😉